LA PIERNA PELUDA (El agente secreto) - Berenjena Company

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23 feb 2026

LA PIERNA PELUDA (El agente secreto)



En los años setenta se decía que a los brasileños les bastaba el samba, el fútbol y el sexo para ser felices. Era como dar una idea de libertad en un país que estaba asolado por la pobreza, la represión política y la prostitución. Dentro de aquel ambiente sudoroso y enrarecido, había disidentes que luchaban a su manera contra un régimen en el que la corrupción era lo habitual y más aún si se echaba una mirada a los estamentos universitarios. En esta ocasión, un profesor jefe de un departamento de investigación resulta ser un agente secreto sin amo que, en realidad, trabajaba por la libertad, siempre tan escurridiza y, a veces, elemento en fuga de una sociedad que luchaba por encontrar un sitio en el que sobrevivir.


Bajo la mirada reprobatoria de un presidente como Ernesto Geisel, hacía falta mucho valor para sobreponerse a los continuos abusos policiales, encabezados por una serie de agentes que, en realidad, creían con firmeza en la certeza de que eran los dueños de la voluntad popular. No se andaban con tonterías y hacían gala de su fanfarronería que, en muchas ocasiones, lindaba con una actitud circense que no podía ser censurada porque eran de gatillo fácil y justicia volátil. Brasil estuvo muy cerca del caos porque, en su condición de grandeza por la extensión de su territorio, no se podía controlar esa disidencia que, en su mayoría, destacaba por su silenciosa resistencia.

No cabe duda de que, después de la excelente Aún estoy aquí, se vuelve sobre esos mismos apuros que, esta vez, también tiene una mirada de optimismo. Las nuevas generaciones son capaces de hablar de aquella época sin el trauma como guía a pesar de que había razones más que suficientes como para que hubiera desánimos insalvables. Kleber Mendonça dirige esta historia con aires neorrealistas, apelando a la naturalidad y con una ambientación muy fiel a aquellos años de tristeza maquillados por los bailes callejeros y una falsa libertad sexual que no hacía más que emponzoñar cualquier intención democrática. Era caer en la trampa en la que se quería que todo el mundo estuviera preso.


Una de las razones principales para ver esta película es la interpretación de Wagner Moura que, siempre desde la serenidad y sin un gesto de más, incorpora a ese profesor universitario que lo único que desea es salir de allí con su hijo, por mucho que su verdadera intención sea oponerse al régimen injusto y brutal que atenazaba a todo el país. Desde la naturalidad, Moura compone un personaje creíble, atravesado por el dolor, pero muy patriota porque, al fin y al cabo, se puede amar a un país sin necesidad de adorar su sistema político. Más allá de eso, se suceden las conspiraciones, la tela de araña que propone Mendonça, que no huye del planeamiento chapucero, resulta creíble y, desde luego, resulta efectivo y fiel. 


Y es que la libertad, en el fondo, también puede ser disfrazada con la creación de una leyenda que acaba por ser popular con una pierna peluda, cercenada y devorada por un tiburón, que se dedica a coser a patadas todo lo que ensucia a un país. Y la gente no lo cree, pero se divierte con las sucesivas noticias de una prensa al servicio de la dictadura. La gente lo cree todo y es fácil atribuir teorías conspirativas al terrible hallazgo de esa pierna que la policía se apresura a hacer desaparecer porque las piernas, no nos engañemos, también son los instrumentos necesarios para salir corriendo por delante de las balas, de los golpes y de la injusticia. 


Hay que destacar que, en su duración excesiva, hay algún que otro error que, por otra parte, no empaña en absoluto la valoración final de la película. Ese mismo argumento, con múltiples homenajes al cine, ese instrumento de evasión que proporciona la oportunidad de entretenerse y, al mismo tiempo, pensar, es la demostración preclara de que ningún gobierno que quiera perpetuarse está demasiado a favor de que sus ciudadanos tengan criterio propio. Es de primero de dictadura.


César Bardés

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