LOS JÓVENES TURCOS (Nouvelle Vague) - Berenjena Company

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10 ene 2026

LOS JÓVENES TURCOS (Nouvelle Vague)



A finales de los años cincuenta, un grupo de jóvenes revolucionaron el campo de la crítica de cine publicando sus artículos en Cahiers du Cinema sentando las bases de una nueva forma de ver cine. Entre sus preceptos se hallaba el desprecio de, prácticamente, casi toda la cinematografía francesa que se había hecho hasta la fecha, de la que solamente salvaban a Jean Renoir proclamando que el cinema de qualité estaba inspirado en fórmulas demasiado encorsetadas y, para ellos por tanto, falsas. También, y no menos importante, instauraron lo que se dio en llamar “la política de los autores” elevando la figura del director como el máximo responsable de la obra artística que podrían contener las grandes películas, algo que, aunque parezca mentira, no se había hecho hasta ese momento.


El siguiente paso para estos jóvenes turcos que querían renovar el panorama cinematográfico no podía ser otro que el salto a la dirección siguiendo unas pautas muy precisas. El acercamiento al realismo de tal manera que, casi obligatoriamente, luchaban por colocar la cámara en la calle y aprovechar la figuración real de la gente que pasaba por allí en ese momento. A veces, buscaban el momento concreto que diera un paso hacia el aspecto visual, lo cual no deja de ser una trampa para quien desea por encima de todo retratar a la misma vida. El movimiento de todos esos críticos que pasaron a dar órdenes detrás de la cámara tuvo repercusión inmediata en las cinematografías de todo el mundo, con los británicos y su Free Cinema a la cabeza, capitaneados por Tony Richardson, Karel Reisz y John Schlesinger, o el Nuevo Cine Alemán auspiciado por los llamados Chicos de Oberhausen con Werner Herzog, Wim Wenders y Volker Schlöndorff en los primeros lugares. Lo que no cabe duda es que aquellos imberbes franceses hicieron historia.


El director Richard Linklater ha buscado, de modo ilustrativo, todos los avatares del rodaje de Al final de la escapada, la primera película de Jean Luc Godard. Y el intento tiene su valor porque, rodando a la misma manera de la que lo hacían aquellos chicos de Cahiers, no hace una hagiografía. Reconoce la audacia de Godard, pero no deja.de ser implacable con su egocentrismo y su conciencia de ser un genio cuando, posiblemente, no lo era. No le deja solo, además. Por allí, también pasan otros compañeros suyos como François Truffaut, mucho más inteligente y con una clara vocación de hacer un cine que llegara al público y no sólo a su arrogancia, o Eric Rohmer, con su tendencia a los diálogos interminables, o Claude Chabrol que, años más tarde, fue repudiado por su clara inclinación por lo comercial. Aquí, Linklater nos recrea el ambiente de aquellos rebeldes que sentían verdadera amistad unos con otros, reproduce con una fidelidad sorprendente algunas de las escenas señeras de la película de Godard, elige cuidadosamente a los actores para que, físicamente, tengan una cercanía con las personalidades que interpretan y el resultado es todo un homenaje a la osadía de todos esos directores que adoptaron el neorrealismo como su cine de cabecera intentando hacer lo que nadie había hecho antes.


También resulta valiosa la relación que establece entre Zooey Deutsch, que encarna con singular acierto a Jean Seberg, y Guillaume Marbeck, que es el vivo retrato del Jean Luc Godard más joven e insolente, capaz de aplazar el rodaje porque no le viene la inspiración para ese día o de imponer jornadas de trabajo inusualmente cortas porque no se le ocurre nada más. Se nos descubre que Seberg no sabía lo que estaba haciendo, no tenía ni idea de lo que quería su director y abominó de su película, ignorante de que, precisamente Al final de la escapada sería la película por la que más sería recordada. 


Y es que, de alguna manera, Linklater, con un inmenso respeto por esos jóvenes de atrevimiento valiente e incisivo, también nos dice que ese cine no volverá, que va a ser muy difícil que seamos conscientes de otra generación de directores que estén dispuestos a dinamitar las narrativas convencionales para hacer las películas que realmente querían rodar y que, lamentablemente, no habrá esa capacidad de improvisación en la que lo impensable era un elemento de valor para la película en cuestión. Si se quiere saber cómo trabajaban, cómo pensaban, qué querían y para qué lo querían, la película les gustará. Si no tienen ni idea de cuáles son los cimientos en los que se movían esa serie de cineastas de inigualable valor, probablemente sólo sea un entretenimiento vacío, sin alma y sin más comentario que el de una pérdida de tiempo insultante al ocupar toda una película hablando de unos tipos que ya no están pisando esta Tierra. Total… ¿quién va a querer ver unos títulos que, quizá, fueron importantes, pero que ya no son actuales?


César Bardés

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